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Ensayo sobre la violencia en El Salvador

Andreas Hugentobler Álvarez 


Estos días intento escribir unos pensamientos acerca de la violencia y la necesaria construcción de la Paz en El Salvador. En eso, me llaman una mañanita desde la comunidad El Triunfo, informándome que mejor no fuera al ensayo de guitarra, porque "se puso feo anoche", como dicen. Un joven becado de la comunidad me comentó que hasta la una de la noche estuvo estudiando, al nomás dormir empieza la balacera enfrente de su casa. Más que 20 tiros oyó, en una cercanía de menos de 100 metros. Intento imaginarme el miedo que sufrió la familia al no saber si serán ellos próximos que les tocará. 

"Por pura suerte me dejaron pasar los policías en la mañana", sigue contando. "Preguntaron: 'y qué andas en la mochila?' - 'Unos tacos', decía yo. - 'Señame! Y lo otro que es?' - 'Cuadernos de estudio', decía yo. Después de un rato me dejaron pasar para ir a la Universidad, por pura suerte. Es feo que te traten con tanta discriminación, con tanta sospecha, tan mal."

Llamé a otra compañera del esfuerzo para ver que dice. "Mejor que no lleguen! No sabemos qué puede pasar. Mataron al jefe de la pandilla y a dos más. Acaban de pasar dos camiones con soldados por mi casa. Es bien feo estar encerrado en tu casa y con este miedo. Todos tenemos miedo porque no sabemos si los bichos se van a vengar." La compañera de unos cuarenta años, es animadora de la comunidad eclesial de base, una persona valiente y muy respetada por su comunidad. Yo le digo: "En esos momentos uno no quisiera dejar solo a los que tanto quiere. Pero también es cierto que hay que razonar. Entonces dejemos el ensayo para otro día. Pero resulta claro que nuestro proyecto ahora es aún más importante, hacen falta tantas cosas para crear un ambiente de paz, de inclusión para todos, TODOSSS."


Mitologicemos nuestras mentes!!
Lo que acaba de pasar en la comunidad El Triunfo / Santa Tecla, no es un hecho accidental y menos aislado. Es la realidad que vive la mayoría en el país, entendido como mayoría las y los ciudadanos que no pagan un ejército privado para cuidarlos. Es como un monstruo-fantasma que no ves, pero allí está siempre, viendo, vigilando. Y en cualquier momento empieza a flagelarte, para que nadie se levante, para que no cambie nada, para que todo siga igual.

Dejo la intención de analizar el fenómeno de la violencia, en forma analítica-científica, eso lo hacen otros desde sus escritorios y centros de reflexión y casi siempre llevan a lo mismo, dependiendo de sus métodos e intenciones... Prefiero quedarme con el monstruo, la imaginación sapiencial de la gente humilde.

Y dejo atrás también la tradición desmitologizadora-occidental que sigue imperando desde inicios del siglo XX (gracias a Bultmann y otros), porque ya sabemos que los que más han desmitologizado el mundo, son los que más han ayudado a construir este nuevo mito mucho más dañino, por exigir exclusividad (me seguís o te espera la muerte), llamado neoliberalismo.


El monstruo-fantasma
Volvamos al mito, al monstruo-fantasma en nuestro caso, o sea, volvamos a las imágenes populares y fantásticas que en muchos casos explican mejor lo que la gente ve, oye, siente y piensa. Si queremos construir saberes generadores de cambio, hagamos esta nueva mitologización del análisis científico-popular!

La violencia es un monstruo. En su cabeza el gran capital, las empresas que producen y venden armas, las dejan regados por todo el planeta, menos en sus países de producción. Desde su razonamiento manda a producir avionetas y drones para fines civiles - que solo hace falta montar la bomba y ya listo para su uso destinado (obviamente: los responsables son los que no saben leer las instrucciones, de todos modos - lo que importa es el saldo de venta). La cabeza de este monstruo piensa día y noche en cómo hacer crecer lo que hay en su cerebro: cuentas bancarias, acciones de valor, fondos buitres, ejércitos para las guerras de alta o baja intensidad. Verlas crecer es la felicidad del monstruo.

En El Salvador observamos este razonamiento en el juego político-partidario en la Asamblea. Como son siempre los mismos que definen los términos de referencia, les resulta una forma de juego dejar que el gobierno empiece a gobernar, sabiendo que son ellos los árbitros del partido. Solo hace falta pitar y se quedan truncados los planes de reinserción e inclusión porque ya no habrá fondos (nos quedamos con la represión que requiere armas y armas, mentes dispuestos a reprimir y destruir cualquier tejido social), se quedan los créditos aprobados en la Sala de lo Constitucional destinados a la educación o estancado en la Asamblea en negociaciones eternas. Siguen su juego, porque es lo que muy bien saben hacer y además les divierte un montón. Además de eso saben que jugando, uno lo pasa tranquilo, otros se duermen en el camino (mejor) y mientras estén jugando y otros duermen, el monstruo sigue su rumbo de acumulación y destrucción. 

No resulta difícil descubrir otras dimensiones de la espiral que provoca este monstruo en El Salvador: La gente emigra en masas por la violencia en sus comunidades y los que logran llegar hasta allá de seguro mandarán algunas remesas. Llamémoslo cuidado paliativo al paciente enfermo: por ahorrar el dinero para no gastar en operación que saque el mal, paliémoslo con las remesas que mandan desde el norte. Y no hay que hacer nada más, todo sigue igual.

Otros que dejan sus casas por la renta, la amenaza o lo que sea, se endeudan comprando en colonias de seguridad, construidas por los pocos grandes grupos económicos del país: los Roble, los Simán, los Callejas... Se alegran los bancos por cobrarles caros sus créditos, se alegran las empresas de construcción por hacer buena plata, se alegran sus dueños y títeres en la Asamblea, porque su soborno está asegurado. Y siguiendo el juego, suben los precios, las acciones de valor, el valor acumulado en sus cuentas privadas, y crece también la burbuja inmobiliaria que en el fondo tampoco le importa al monstruo, porque si se estalla, construirá otra.

Las zonas abandonadas por la migración forzosa pasan a ser territorios de los que se quedaron, de los que les toca -ni modo- y de los que les gusta imponer su monopolio de fuerza. Logran hacer pactos con los mismos políticos en tiempos de campaña, logran hacer buenos ingresos con los mismos representantes cabeceras del monstruo traficando con lo que se pueda: armas, drogas, cuerpos, órganos... Y mientras crece su imperio local, se alegra el monstruo, porque solo son los títeres de su imperio.

Y mientras los medios de comunicación, en las mismas manos de los mismos representantes cabeceras del monstruo siguen divirtiendo y asustando por los acontecimientos, el monstruo sigue tranquilamente su rumbo: jugando, acumulando... porque en el fondo no pasa nada. Es lo que siempre hubo desde ya más de quinientos años. No pasa nada, todo sigue igual.


Y entonces?
Pues, a seguir 
tocando guitarras para despertar y nunca adormecer
a seguir,
tomando el poco espacio público que nos han dejado y defenderlo a que sea para todas y todos
a seguir,
leyendo desde los pobres la naturaleza, lo que pasa, el popol vuh, el novenario, los atropellos, la biblia... y no más desde los inteligentes, curas y predicadores que prefieren instruir la moral que fomentar la vida.
a seguir,
soñando otro mundo desde las y los jóvenes - y nunca más seguir los pasos de los que ya saben cómo anda el mundo
hay que seguir andando nomás!

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Andreas Hugentobler Alvarez, es teólogo e investigador, de nacionalidad suiza, casado con Betsaida María Alvarez (salvadoreña) y padre de Paula de 3 años. Trabaja desde 2014 como misionero Fidei Donum con las Comunidades Eclesiales de Base en El Salvador. Estudió en los años 2005 y 2006 en la Universidad Centroamericana UCA en El Salvador y mientras pasaba los fines de semana en la 22-de-abril, un barrio popular en todo sentido, se iba transformando poco a poco el sentido de su vida, del quehacer intelectual y de la fiesta y el cariño en medio del mundo de los excluidos. Esta experiencia reveladora, que dejó tantas preguntas y una gran insatisfacción ante las respuestas teológicas - aún siendo "liberadoras" lo fue uniendo -7 años después, junto con su familia- a este suelo tan fecundo de resistencias de los pequeños pero a la vez tan pisoteado por la arrogancia de los grandes.

De su propia voz: “Desde el 2014 acompaño a la red de comunidades eclesiales de base "Mons. Romero" en el departamento La Libertad, al sur de la capital salvadoreña. Estando la mayoría de las comunidades al margen de la iglesia católica institucional, nuestro trabajo se caracteriza por un proceso de formación, el acompañamiento pastoral y el trabajo juvenil con la finalidad de profundizar la identidad de las Comunidades Eclesiales de Base como células de la Iglesia y del Reino, fortaleciendo el liderazgo de las y los laicos, en especial las juventudes. Paralelo al trabajo pastoral llevo un proyecto de investigación cualitativa sobre espiritualidades y compromiso social, con el objetivo de visibilizar formas de vivencia comunitaria y espiritualidades actuales que llevan a un compromiso de transformación social. El interés nace desde la constatación que a la reflexión teológica (aún siendo de la teología de la liberación) le cuesta integrar espiritualidades y formas comunitarias actuales y por ende relevantes en su elaboración teórica y es necesitada de nuevos métodos y prácticas de acercarse a esta realidad vivida por el pueblo pobre.

Contacto: andreashugentobler@yahoo.de